Al cierre del mercado o antes de descansar, acostúmbrate a dedicar cinco minutos a anotar el momento del día en que más ganas tuviste de operar por impulso.
Con el tiempo, descubrirás que esos momentos en los que más quieres entrar de inmediato suelen ser solo emociones llevadas al límite por el grupo o por los movimientos del mercado.
Poner esos impulsos por escrito termina convirtiéndose en el freno más eficaz de tus operaciones diarias.

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