Claude acaba de resolver en menos de 30 minutos un misterio de criptografía de 26 años. Y la respuesta podría cambiar nuestra forma de pensar sobre la IA en la investigación de seguridad.

Anthropic afirma que Claude rastreó el origen de las semillas supuestamente aleatorias utilizadas para curvas elípticas como P‑256 hasta unas simples marcas de tiempo de 1997 y 1998.

NIST publicó las curvas en el año 2000, pero el origen de esos parámetros había permanecido sin explicación durante décadas.

Esa incertidumbre alimentó las especulaciones sobre si la NSA podría haber ocultado una puerta trasera en las curvas.

El descubrimiento de Claude ofrece una explicación mucho más sencilla. Se prevé que la recompensa de 36.864 dólares se done al Internet Security Research Group.

Pero aquí hay una distinción importante. Esto no significa que Claude haya vulnerado P‑256 ni descifrado el cifrado moderno. Anthropic afirma que el hallazgo hace mucho menos plausibles las teorías de una puerta trasera deliberada.

Personalmente, creo que la historia más importante es la propia capacidad de investigación.

La IA no solo genera código ni responde preguntas técnicas. Puede ayudar a investigar problemas de décadas de antigüedad al encontrar patrones, poner a prueba hipótesis y conectar pruebas que a los investigadores quizá les haya costado reunir.

Esa capacidad puede ayudar a los defensores a auditar los sistemas en los que ya confiamos. También podría ayudar a los atacantes a encontrar vulnerabilidades más rápido.

La verdadera pregunta es cuántos misterios de seguridad de larga data ayudará a resolver la IA a continuación.

Porque la misma tecnología que nos ayuda a comprender nuestras defensas también podría ayudar a alguien a encontrar la forma de sortearlas. 👀
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