
El 27 de abril próximo, el tribunal de Oakland en California será el escenario de una confrontación jurídica sin precedentes. Elon Musk, fundador de SpaceX y Tesla, se enfrentará a su antiguo aliado Sam Altman, CEO de OpenAI. Este juicio, que debería durar cuatro semanas, plantea cuestiones fundamentales sobre la ética, el beneficio y la gobernanza de la inteligencia artificial.
De la alianza a la ruptura: ¿un ideal traicionado?
Todo comienza en 2015. En ese momento, Elon Musk y Sam Altman figuran entre los 11 cofundadores de OpenAI. Su misión es entonces filantrópica: crear una organización sin fines de lucro para asegurarse de que la IA beneficie a toda la humanidad, lejos de las lógicas de beneficio de gigantes como Google. Musk invierte 45 millones de dólares y copreside la estructura.
Sin embargo, la visión diverge rápidamente. En 2018, Elon Musk abandona el barco tras el rechazo de los otros fundadores a fusionar OpenAI con #Tesla. Desde entonces, la situación ha cambiado: con el éxito planetario de ChatGPT a finales de 2022, OpenAI ha realizado una transformación radical, pasando de un laboratorio de investigación abierta a una empresa "con misión" de estatus híbrido, atrayendo inversiones colosales, especialmente de Microsoft y SoftBank (evaluadas en cerca de 40 mil millones de dólares).
Los agravios de Elon Musk: Código Abierto y "Capitalismo de la IA"
El multimillonario basa su ofensiva en dos puntos principales:
1- L'abandono del altruismo: Musk estima que OpenAI ha traicionado sus estatutos de origen. Para él, el paso a un modelo comercial beneficia exclusivamente a los accionistas y desvía los fondos iniciales (los suyos incluidos) de su objetivo social.
2- El cierre del código: Mientras OpenAI promovía el Código Abierto en sus inicios, la empresa ha cerrado progresivamente sus modelos de lenguaje. #Musk acusa a la empresa de no hacer sus investigaciones accesibles, obstaculizando así la colaboración mundial en favor de la exclusividad comercial.
¿Estrategia visionaria o guerra comercial?
Si Elon Musk se presenta como defensor del bien común, numerosos observadores destacan un evidente conflicto de intereses. Paralelamente a sus litigios, el hombre de negocios ha lanzado su propia start-up, xAI, y su agente conversacional Grok.
Debilitar a OpenAI en los tribunales podría ser una estrategia para recuperar su retraso en el mercado. Tanto es así que Musk no es nuevo en esto: recientemente demandó a Apple, acusándolos de favorecer a ChatGPT en detrimento de #Grock en la App Store.
Una ética de geometría variable
El juicio también se produce en un clima de polémica para Elon Musk. Su IA, Grock, está bajo el fuego de las críticas por desviaciones éticas, incluida la generación de contenidos explícitos no consentidos. La actitud despreocupada del multimillonario frente a estas problemáticas debilita, según sus detractores, su credibilidad como "garante" moral de la industria.